
De pronto me vi, como un perro de nadie ladrando a las puertas del cielo. Me dejó un neceser con agravios, la miel en los labios y escarcha en el pelo. Tenían razón mis amantes en eso de que antes la mala era yo.. Con una excepción: Esta vez yo quería quererlo querer y el no.
Así que se fue, me dejó el corazón en los huesos y yo de rodillas desde el taxi y haciendo un exceso, me tiró dos besos... Uno por mejilla. Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas, a las cenicientas de saldo y esquina.
Así que se fue, me dejó el corazón en los huesos y yo de rodillas desde el taxi y haciendo un exceso, me tiró dos besos... Uno por mejilla. Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas, a las cenicientas de saldo y esquina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario